Canciones como volcanes

Con su tercer disco, “La madrugada” Luciana Jury, se consolida como una referente de la canción libre más allá del folklore.

Por Carolina Selicki Acevedo para Página 12

Sus rulos escapan de cualquier intento de ser atados como también su voz y sus matices hablan de la libertad con que interpreta cada tema. Compositora, guitarrista, también pero menos difundida es su pintura y por sobre todo cantora, aunque ella prefiera dejar etiquetas de lado, dejar ser a la creación. De su padre Zuhair Jury dice haber heredado ese amor por las raíces latinoamericanas, y junto a su madre un gran caudal musical. Otro mentor ha sido su tío Leonardo Fabio pero más allá de la gratitud hacia ellos Luciana Jury ha sabido hacer su propio camino y lograr cada vez una mayor singularidad.

En 2008 grabó “Maldita huella” a dúo con el guitarrista y compositor Carlos Moscardini. Luego, con “Canciones brotadas de mi raíz” creció su carrera musical de la mano del folklore y la música popular. Ya con “En desmesura” profundizaría en combinar letras anónimas con otras de cantautores como Spineta o Gabo Ferro, con quien grabaría un año más tarde el inclasificable y poético “El veneno de los milagros” y que la condujo a la canción libre: “Gabo fue para mí la luz al final del camino” dice. Entre variadas nominaciones la Fundación Konex le otorgó el Diploma al Mérito por “Mejor cantante femenina de folklore” y fue curadora de “Somos todas”, emisión de la TV Pública en el Día internacional de la Mujer. En 2015 conmovió con “La madrugada”, mezcla de noche de insomnio materno y nuevamente obras anónimas de transmisión oral con canciones de Violeta Parra, Simón Díaz, Lhasa de Sela o Edgardo Goyo Grasso –con letra propia. Este tercer disco acentúa una búsqueda que se ha enriquecido en el camino de las voces escuchadas. “La catastrófica falta de memoria, no de los pueblos pero sí de las sociedades nos condena hace siglos a olvidar muy pronto y vivir el presente entretenidos, ciegos y sin memoria. Por eso para comprender mi presente tuve que leer a quienes me precedieron, a través de sus músicas y escuchar qué testimoniaban acerca de sus dichas, injusticias y formas de amar. Tal vez por eso las canto con vehemencia, por la impotencia de haber estado en silencio y ocultas tanto tiempo. Necesito que exploten en la voz como un volcán”. Y quizás sea aquella la razón para llegar a agudos y graves con la misma facilidad y acercar al fogón que es hoguera de sinsabores para dar lugar a lo que parece sombra o murmullo, con percusión e intervenciones. “Mi voz actúa como narrador sonoro y fiel de una búsqueda. Pude abrirme a otros géneros con más soltura. No tomo a las canciones por lo que me pueden ofrecer, yo reescribo en ellas parte de mi vida”, afirma Jury y agrega: “decidí cantar en público y grabar cuando entendí que lo hacía sin mentirme y sin mentirle al otro. La voz va tomando madurez y comprensión de la vida a medida que la vamos viviendo y el sonido acompaña el crecimiento”.

Ahondar en sus influencias es acercarse también a los pueblos conurbanos con sus baladas, cumbias, rock, tango y folclore. Si bien para Luciana cantor o cantora puede ser cualquiera desde la intimidad de su casa, muchxs han sido significativxs en su formación: Atahualpa Yupanqui –“sobre todo la voz de sus últimos tiempos”, aclara–,Violeta Parra, Chavela Vargas, Leda Valladares, Liliana Herrero, Concha Buika, Nina Simone y Zitarrosa, por mencionar algunxs. Y como ha ido mutando su canto se hace inevitable consultarle por la transformación del folklore en los últimos años. “No tengo la oreja en las nuevas formas excepto las que están contando algo cierto, ligadas a la canción libre. En el folclore es necesario contar de qué va nuestro tiempo pero requiere sutileza en las innovaciones sonoras. Si a esos cambios no los sostiene un pensamiento, una poesía íntegra, un acontecimiento político, si son producto de la convulsión del cambio por el cambio en sí no tienen, por lo menos para mí, demasiado valor y las desoigo”.