Ecos de una noche sin fin

La cantante, que presenta el viernes su nuevo álbum en el Margarita Xirgu, desanda el camino de su realización.

Por Patricio Féminis para Clarín

Hacia la luz. Para Jury, la creación es un camino hacia la calma.
Ya es común buscarla en el desgarro. Luciana Jury capta la profundidad de su propia voz más allá de las definiciones que la instalan -en tensión- entre el suspiro y el canto dolido. Pero ella, también guitarrista y compositora, cuando cierra los ojos y despeina sus rulos -ahora con un recobrado tono negro- simplemente se eleva cantando.

Y así, la sobrina de Leonardo Favio sabe ir más allá de los lugares recurridos para nombrarla. Ahora, en su tercer disco solista,

La Madrugada, que presenta este viernes a las 21 en el Teatro Margarita Xirgu (Chacabuco 875), Jury acentúa con su voz su visión ecléctica de las raíces.

“El camino de la libertad es siempre uno nuevo por recorrer -percibe-. En mi caso, para encontrarlo es preciso también desandarlo. Por lo tanto, cada disco me deja un poco más libre y más clara”. Ese pie, en La Madrugada está, además de en su voz abismal o cerca del grito, en el repertorio.

Hay canciones de Simón Díaz y Violeta Parra; de Francisco Canaro, del Chango Rodríguez y del cuyano Saúl Salinas; de Lhasa de Sela oydel bolerista Javier Solís; también una obra que popularizó Raffaella Ca- rrá, otra intensa de Gabo Ferro y hasta un chamamé de ella y de su compañero Edgardo Goyo Grasso:

Me desprendes del suelo.

Cada uno va brotando de las preguntas ensoñadas que ofrece La Madrugada. “Este disco es el resultado de haber vivido en la quietud de la noche un sinfín de episodios personales que me quitaban el sueño. Hay susurros, respiraciones, silencios, canto a medias voces para no despertar a los otros. Aparece un canto dando hasta la última gota de aire”, dice. Y completa: “La Madrugada fue el escenario de los conflictos que viví todo este tiempo. Pero en la oscuridad hallé un espacio para mi soledad que es amiga de la libertad. La creación quiere estallar para encontrar la luz, la calma.”

En este viaje, los sesionistas (Leandro Savelón, Irene Cadario, Cuervo Pajón, Hernán González, Naara Andariega y Lucas Ramírez) logran intimidad en guitarras, piano, acordeón, bandoneón y violín. “Primero, Goyo Grasso le dio forma a este desvelo; luego los músicos nos erizaron la piel”, explica.

Los múltiples paisajes que están en La Madrugada son reunidos por la visión territorial, humana y musical de Luciana Jury, asentada en Tortuguitas, en pleno Conurbano bonaerense. “Los conurbanenses nos estremecemos tanto con un tema folclórico, por haber bebido la nostalgia de nuestros padres o abuelos provincianos, como con un blues de Janis Joplin”. “Hemos tenido acceso a esta información más rápido que en el interior. Tenemos -cierra- un fuerte linaje rockero, también arrabalero y sabemos mover la cadera y excitarnos con una cumbia en cualquier bailanta de la zona. Nada más rupturista y moderno que el Conurbano. Porque está muy cerca de la libertad”.