En la voz aflora la profundidad del alma

Canciones brotadas de mi raíz es el álbum debut de la cantante y guitarrista Luciana Jury, una de las revelaciones del año. Lo presentará este sábado en el Teatro Sha.

Por Sebastian Feijoo para Miradas al Sur

Todos y cada uno somos cada uno y sus circunstancias. Cada uno y su sangre. Resulta imposible pasar por alto que Luciana Jury es hija del guionista y director de cine Jorge Zuhair Jury y sobrina de Leonardo Favio. Acaso sea injusto. Pero lo más determinante de la Jury es que ella, sus circunstancias y su sangre permiten asomarse a una voz que conmueve a pura hondura. Canciones brotadas de mi raíz (2011), su primer disco, sorprendió a propios y ajenos por un tono que articula formación técnica, instinto, belleza y una madurez llamativa. Luciana Jury presentará nuevamente su trabajo debut este sábado 12 a las 22, en el Teatro Sha (Sarmiento 2255).

Canciones brotadas de mi raíz no es sólo la performance de la Jury. Para que ésta se desarrolle, brille y crezca tiene que haber un repertorio y un criterio para abordarlo. El disco reúne composiciones de Violeta Parra –la cueca “La Mariposa”–, César Isella y Tejada Gómez –“Canción de lejos”–, Carlos Guastavino y Eduardo Falú –“Una pena nuevamente”– y una versión demoledora del vals de Francisco Canaro “Yo no sé qué me han hecho tus ojos”, entre otras. También le da lugar a la chacarera “Cuando el amor se aproxima” –en la que la cantante aportó la música– y el gato “De a poquito quiero amarte”, donde escribió la letra. El criterio que une las 14 composiciones del disco es el de una sencillez bien entendida, que funciona casi como un puente para que la voz de Jury llegue hasta donde tienen que llegar y más. El disco se sostiene en su voz y guitarra, a la que se le suman ocasionalmente guitarras, acordeones, voces y/o percusiones invitadas.

Este trabajo es su primer disco solista y al mismo tiempo el resultado de un elaborado proceso de maduración interna. “Hace tres años, después de haber trabajado en distintos proyectos en conjunto con otros músicos, decidí que tenía que hacer un disco totalmente mío, con las canciones que acuñé en mi pasado. A lo largo de todo ese tiempo fui poniendo el cerebro y el corazón para recordar las músicas que me acompañaron en mi infancia. La selección final la hice con mi padre y mi madre. Son canciones que de alguna manera –por la letra o la melodía– me impactaron en el alma. Fue un proceso que me llevó tres años y se desarrolló muy naturalmente”, explica la cantante.

–¿Por qué la marcó tanto este disco?
–Porque si bien estuvo involucrada un montón de gente querida y talentosa que me ayudó muchísimo, le puse todo lo que tenía y siento que es un disco que me representa totalmente. Soy la responsable de la idea de concebirlo, el título, el repertorio, la guitarra, la voz y hasta la tapa, que pinté yo y a la que mi padre le dio los últimos retoques. Se trata decididamente de mi primer hijo creativo.

–Su voz suena mucho más profunda y añeja que su edad…
–Me lo han dicho. Pienso que cuando un intérprete o una cantora encuentra una sonoridad y la reconoce como propia, en esa voz aflora la profundidad del alma. Es una necesidad ancestral de pegar un grito o desplegar un canto. Hay casi una imposición interna por develar lo que nunca podremos: el misterio de la vida. En esa sonoridad también habita lo mas puro y genuino de la condición humana que es la de amar y ser amado. Quizá todo esto, en ocasiones, no tenga similitud con la edad que una acusa.

–¿Cómo trabajó la voz para cada tema?
–Apelo a lo que me dicta el corazón. En este disco canto y toco la guitarra. Entonces creo que también lo estrictamente musical hace que la voz negocie la emoción a desplegar. Luego hago profundas escuchas de lo hecho y si lo que grabé me toca la piel, tal que si fuera otra persona, entonces se imprime, como dicen en cine.

–¿Cómo impacta en usted como artista ser la hija de Jorge Zuhair Jury y la sobrina de Leonardo Favio?
–Es una casualidad que haya nacido en un seno familiar de gente con tanto reconocimiento y talento. Agradezco al destino por eso y sin duda he aprendido mucho, sobre todo con mi padre en largas charlas que aún hoy mantengo. Pero cuando uno es muy joven y quiere “ser” los apellidos pueden pesar. Luego de darle muchas vueltas al asunto, al yo creador, siento que nací con mis propios laberintos y cuando canto estoy yo sola.

–En su familia la política y el arte parecen ir de la mano. ¿Se siente identificada con esa perspectiva?
–Sí. Pienso que nos han jodido tanto la cabeza… Nos hicieron creer que la política no sirve, sobre todo a los de mi generación, los que nos hicimos adultos en los noventa. Creo definitivamente que el artista (y el que no lo es también) tiene la obligación de pensar en qué país y en qué mundo quiere vivir. Y también considero que desde el lugar que a cada uno le toca debe pensar, debatir y accionar. Yo estoy muy feliz de vivir este tiempo político porque, entre otras tantas cosas, me devolvió la esperanza de creer que son las ideas la única herramienta para pensarnos y proyectar un país y mundo mejor.