La banda de sonido de los recuerdos

Se define a sí misma como “una intérprete que va captando canciones de cualquier estilo”. Pero aunque tiene un pasado en el rock y está fascinada con el flamenco, sus temas transitan fundamentalmente por paisajes argentinos y latinoamericanos.

Por Sergio Sánchez para Página/12

banda-sonido-recuerdosHay canciones que por diversas cuestiones se convierten en la banda de sonido de los recuerdos. Forman parte de ese repertorio porque acompañaron momentos definitivos: una pérdida, un amor, un triunfo, un fracaso. Esa idea movió a la cantora Luciana Jury para seleccionar los temas que componen su primer disco solista, Canciones brotadas de mi raíz, trabajo que descubre a una gran intérprete. “Estas canciones vienen de la raíz de los afectos: de las cosas vividas, los amores, mis padres y mi hogar. Todo eso más todo lo vivido hasta hoy, en esas situaciones de amor y desamor, fueron construyendo lo que soy hoy. Fueron rescatadas durante mi infancia, adolescencia y adultez”, dice. Pero el repertorio no sólo es un reflejo de su universo interior sino de la música popular argentina. “Porque el canto popular es parte de la identidad de todos. Trabajo desde ahí: desde el canto y las canciones que representan a un pueblo. Porque yo soy parte de ese pueblo y siento que todos en algún punto tenemos algo en común”, se explaya Jury, quien presentará su disco hoy a las 23 en el Teatro del Viejo Mercado (Lavalle 3177).

Lo primero que sorprende son los matices y colores de su voz. Apenas comienza “Yo no sé qué me han hecho tus ojos” se podría creer que está frente a un disco de flamenco. Pronto la rítmica revela que se trata de folklore. Pero Jury explora otros registros: “No fue analizado, ni pensado. Es mi manera de cantar”, responde la también guitarrista, pero relaciona: “Siento que España es un lugar que echó raíces muy fuertes en toda Latinoamérica. La cultura española es muy fuerte. Y yo también tengo raíces árabes, mi abuelo era sirio, entonces la cosa mora y flamenca se cuela en algunas grietas, en sonoridades de mi voz que aparecen por el hecho de cargarlas en mis genes”. Además, cuenta, artistas flamencos como Camarón de la Isla y Concha Buika dejaron huellas. Tampoco se olvida de “sus mujeres”, que marcaron su camino: Violeta Parra, Janis Joplin, Liliana Herrero y Chavela Vargas. Ese sonido nostálgico y desgarrador se dispersa por varias canciones y logra una fusión coherente, sobre todo con relación a las historias de las letras. La mayoría se cruza con el dolor. “La música flamenca es una de las músicas folklóricas que más me atrapan porque hay un desborde, una urgencia por sacar el alma afuera, pegar un grito, homenajear a la vida y entristecerse un poco porque esta vida se termina. Hay algo de vida y muerte en las voces flamencas.”

Sin embargo, el grueso de la base musical transita por paisajes argentinos y latinoamericanos: desde La Pampa hasta el Noroeste, la región cuyana y las zonas andinas de Chile y Bolivia. Así, Jury le pone el cuerpo y el alma a “Corazón santiagueño” del Chango Rodríguez, a la tonada anónima “Ayer cuando iba a la trilla”, a “Una pena nuevamente” de Carlos Guastavino y Eduardo Falú, al bailecito anónimo “Quisiera que salga un tigre” y a “Trago de sombra” de Falú y Jaime Dávalos, entre otras. Según cuenta, esos temas aparecieron de manera casual y no tanto. “Este disco fue bastante intuitivo. Fue una consecuencia de situaciones amorosas que tienen que ver con el sentimiento: han aparecido, en esas instancias de amor, canciones que acompañaban esos estados. Es una ‘casualidad’, entre comillas, porque también esas casualidades se van dando casi inconscientemente. No fue pensado el disco. Fue haciéndose de acuerdo con lo que iba viviendo. Por eso tardé tres años.”

En su debut solista incluye “De a poquito quiero amarte”, una canción que compuso junto Carlos Delgado. Y hasta se anima a cantar una escrita por su padre, el guionista y director de cine Jorge Zuhair Jury: la chacarera “Cuando el amor se aproxima”. “Con mi papá –recuerda– trabajé artísticamente el disco, de manera casual. Pero a lo largo de ese tiempo le consulté cuestiones artísticas que me interesaban escuchar de su boca y su cabeza. Porque considero que es uno de los escritores y artistas más importantes dentro de la cinematografía argentina. Además, como padre, ha sido un hombre que ha sembrado duendes. Encendió en mí una llamita”.

Antes de Canciones…, el guitarrista y compositor Carlos Moscardini la había convocado para que pusiera voz a sus canciones con estéticas bonaerenses. De ese encuentro nació en 2008 Maldita huella. “Era un reflejo de una Buenos Aires suburbana que carga un campo tras el asfalto”, define ella. Pero, en su etapa solista, conversa aún más con la naturaleza: “Esas sonoridades y evocaciones hacia ciertos paisajes y formas de la naturaleza en las letras tienen que ver con que no las puedo dejar de lado, porque somos un todo. Atahualpa Yupanqui repetía una frase que decía: ‘El hombre es tierra que anda’. ¿Cómo no voy a querer estar cerca de la inocencia de la naturaleza, que da sin esperar nada? Somos un todo”. Y aunque en el disco parecieran no quedar rastros, cantó en una banda de rock.

–¿Qué enseñanza le dejó el rock?
–Fue el género que me confirmó que mi necesidad interna estaba en desplegarme arriba de un escenario. El rock tiene el don de liberar almas, no hay estructuras que te aten. Tuve que pasar por el rock y por ciertas canciones que me permitieron entender que mi placer, mi disfrute y esa energía sólo puedo hacerlas fluir en el escenario. Tampoco quiero encasillarme. Pienso que soy una intérprete, una almita que va captando canciones de cualquier estilo. Ahora estoy más encantada por la necesidad de echar raíces y de crear una identidad como argentina y latinoamericana. Esto es inconsciente. Pero hoy descubro que me encuentro más con la música de raíz folklórica latinoamericana que con otros ritmos.