La sangre brota

La cantora Luciana Jury presenta Canciones brotadas de mi raíz, su primer disco solista, un loable despliegue del cancionero latinoamericano, a corazón abierto, sinceridad y crudeza.

Por Guadalupe Treibel para Página/12

la-sangre-brotaHay vuelos interpretativos que hacen de la expresión un salto al vacío. Sin red, la voz no se pasea por el inventario popular: se zambulle de lleno y salpica una emotividad dramática, cruda, carrasposa. Se empapa de la tierra que aúna para devolverla mejor, más fértil, renovada. Esa voz –la que inevitablemente interrumpe el aire y lo carga, lo desnuda a pura melodía– es la que ofrece Luciana Jury en su primer disco solista, el fresco Canciones brotadas de mi raíz, un repertorio de 14 temas que vuelven sobre la geografía norteña, de Cuyo, Bolivia, Chile y otros puntos latinoamericanos con un leitmotiv a puro corazón. Romances de chacarera, cueca, gato, bailecito, ranchera o valsecito vueltos a construir por la treintañera a partir de composiciones propias y tracks de Violeta Parra, Eduardo Falú, Jaime Dávalos y otros etcéteras. Desde el vamos, el saludo no da respiro: Jury inaugura con versión personalísima del clásico de Francisco Canaro (que popularizara Ada Falcón), “Yo no sé qué me han hecho tus ojos”, tema que coquetea con el flamenco para entregarse de lleno al folklore bien entendido.

“Me doy cuenta de que las canciones tienen una razón de pasión, una existencia de amor, pero no fue una temática pensada. Permití que se me aparecieran. Internamente llevo un archivo importante de temas y, en el trascurso de los tres años de preparación del disco, dejé que se condensara lo aprendido y saliera lo más representativo”, cuenta a Las12 quien –en el ínterin de las grabaciones– fue madre, se recluyó para crear nido y “armar una historia con la maternidad”. Ahora, con una beba de 11 meses, la petit Mora, y un notable disco, la intuición presenta sus frutos a puro paisaje latinoamericano. Con inspirado arte de tapa, vale decir, un autorretrato a puro lienzo y acrílico que ella misma pintó recibe con frase evocadora: “Olor a tierra fresca que viene de una raíz profunda”.

En franca bio, no es el primer paso interpretativo de la morocha de rulos pronunciados. Primero fue locutora; después, hizo rock con su banda Claroscuro y, tres años atrás, puso voz al LP Maldita Huella, disco en conjunto con Carlos Moscardini; luego, participó en el último trabajo de Quique Sinesi con un tema del Cuchi Leguizamón (Lavanderas del Río Chico) y se subió al tren fílmico en El piano mudo, el homenaje a Miguel Angel Estrella que realizó su padre, Jorge Zuhair Jury. Porque Luciana lleva, en sus raíces, otra tradición: La de una familia de artistas. No sólo es hija del ya nombrado cineasta, guionista y artista plástico, también es sobrina del mismísimo Leonardo Favio.

Por cómo viene el árbol familiar, siendo tu papá y tu tío realizadores y tu primo (Nicolás Favio) y vos músicos, si tu nena de 11 meses pega el salto generacional, puede salir directora de cine…
(Se ríe) –Mora tiene una gran sensibilidad para la música pero ¿qué niño no la tiene? En su carita veo el hallazgo constante. Para mí habrá sido así también, ¿no?

En una entrevista, pedías que te definieran como cantora, no cantante. ¿Por qué la deferencia?
–La cantora es más amable; está más cerca del pueblo, de la tierra, de la gente. El cantante, para mí, está en otro planeta y yo necesito estar cerca de mis raíces musicales porque son las que narran al pueblo: cuáles son sus desesperanzas, sus alegrías, sus maneras de sonar, sus gritos, sus silencios. Me gusta eso.

Das clases de canto, ¿cómo te sienta la docencia?
–Doy clases en Tortuguitas, donde vivo, desde hace siete años. Mi especialidad es la música de raíz pero enseño técnica vocal a adolescentes y adultos.

¿Y los adolescentes se enganchan con las canciones de raíz?
–Sí, porque no las conocen. Despliegan una necesidad solapada de reconocer de qué se trata. A veces, hay que sacarles el rótulo “folklore”; puede ser un traje pesado de llevar. En especial, cuando lo que últimamente se muestra como folklore, no lo es; es una tipificación masiva que confunde acerca de lo popular. Es legendario: la industria cree que venden los gritos, las palmas, el movimiento y nada más, pero el propio pueblo dice que no es así. Hay canciones anónimas centenarias que condensan un sonido, un silencio y una quietud. ¿Qué es más popular que eso?