La voz en estado supremo

La cantante (sobrina de Leonardo Favio) presenta el viernes un disco clave del último año: “En desmesura”.

Por Patricio Féminis para Clarin

Ella percibe el calor, la cercanía de los otros. Desde el escenario, Luciana Jury cierra los ojos e ingresa a otro estado: los rulos sobre los ojos, la guitarra abrazada y la voz surcada por los misterios de la canción criolla y universal. El canto será rugoso, quebrado, y se endulzará o rozará susurros al compás de su cuerpo, revelado de amores y dolores.

Lo descifra La Jury -como le dicen también-, a meses de que haya editado En desmesura (Acqua Records), uno de los discos clave de 2013, y en el que llevó su voz a un hondo acervo de obras folclóricas, anónimas la mayoría, que atrapan por quienes la escuchan en vivo cada vez. “Siempre digo que los míos no son recitales -cuenta-: son encuentros; el público entra en el mismo estado que yo y somos todos una misma cosa viva que late, que llora, que goza y se libera”.

Suspira, La Jury: por el esfuerzo que le llevó En desmesura, su segundo disco solista tras el celebrado Canciones brotadas de mi raíz; por la búsqueda de esa voz, cada vez más enigmática y certera, aquí tras un mapa sonoro que combina sin quiebres -sólo los de su canto- su desnudada versión y sin el riff distintivo de Post-crucifixión, aquel rock de Luis Alberto Spinetta y Carlos Cutaia, con canciones antiguas recopiladas por un arco amplio de referentes: Juan Alfonso Carrizo, Atilio Reynoso, Patricia Chavarría, Violeta Parra, Rubén Pérez Bugallo y Leda Valladares.

La Jury, cantora de Tortuguitas, su pago conurbanense, y hace años un imán, estético y vocal, para quienes deseen reapropiarse de las raíces en pleno siglo XXI, volverá a recorrer estas obras este viernes 13 de diciembre, a las 21, en Espacio Enjambre. Será, de nuevo, su hondura entonada en tiempo de estilo, vals, tonada, triste, cueca. “Me alegra poder descargar el corazón de esta manera con la voz y la guitarra”, confía. ¿Qué más vino En desmesura? “En estas canciones hallé un lugar donde matar tantas preguntas sin respuestas en la vida. Es poder alumbrar en cada una: sacarme la piel vieja de mis dolores y mis certezas para volverme a dudar y mudar con piel nueva”.

Esa entrega se potencia y horada En desmesura cuando rescata, incluso, una canción de su amigo Gabo Ferro, Tu amor es como el hambre; otra de Violeta e Isabel Parra, Como roble en el verano; y su propia En desmesura, que cierra el disco y compuso junto a su padre, Jorge Zuhair Jury, el hermano de Leonardo Favio.

De esa entrega familiar proviene ella y verla en vivo abre un goce dramático: en esos gestos de brazos, en su cuerpo arrojado a los espesores de una melodía, el rostro vibrante. “Estoy en conexión con mi parte más humana y, al mismo tiempo, con lo más misterioso -dice-. No hay paisaje ahí; no hay arriba y ni abajo. Es un estado supremo de entrega con el milagro de estar vivos”.

Y concluye: “Cuando canto, siento que todos mis fracasos valieron la pena y que lo peor de mí encuentra un refugio lejos de mi cuerpo: que todas mis miserias se alejan, se van fuera de mí. Eso es como tener alas. Desmesuradamente me siento así al cantar.”