Mi vida cabe en una canción

La cantante, hija de Zuhair Jury y sobrina de Leonardo Favio, tiene una de las voces más atractivas de la música popular de hoy. En su concierto mostrará canciones de toda su discografía con una idea clara: “Hacer catarsis para volver a construirnos”, dice.

Por Cristian Vitale para Página 12

Luciana Jury, mi vida cabe en una canción“Pa’ descargar el corazón”, lo llama ella, madre, artista, morocha y argentina, a la que cada día en la vida pasa como al común: rutinario, algo monótono, sin mucho de particular. “Como todos, me ocupo del cotidiano, cosa bastante aburrida pero inexorable”, dice Luciana Jury, cantante cuya voz muchos sindican como “lo más” dentro de las aguas ondulantes de la música popular argentina. Y llega el contraste, claro:
“Eso sí, me he prometido todos los días de mi vida, en algún momento de ese cotidiano, parar la pelota, respirar y agradecer el movimiento de la naturaleza”. Y tal vez alcance para explicar el milagro de una voz, un decir, un sentir que sale de las entrañas o de vaya uno a saber de dónde. Ahí están “El agua de una gota” o “Cuando el amor se aproxima”, de Maldita huella, aquel prodigioso disco que grabó con Carlos Moscardini hace ocho años. O la tremenda versión que hace del anónimo pampeano “Tú eres la dulce trigueña” (Canciones brotadas de mi raíz). O la increíble “Tonada del cabrestero”, de Simón Díaz, que abre su último trabajo a la fecha, La madrugada.

Porque lo que ella, la sobrina del enorme Leonardo Favio, llama “Pa’ descargar el corazón” no es el nombre de un nuevo disco, sino una forma de presentar sus conciertos de verano, hoy a las 21 en Circe, Fábrica de Arte (Córdoba 4335), y el del sábado 19 de marzo en Caras y Caretas (Sarmiento 2037), luego de algunos shows en San Luis. “Pa’ descargar el corazón” es una invitación a esa o ese espectador que necesita, a través de un canto o una canción, vaciar el alma para quedar liviano, para seguir estando atento para defender lo conseguido. No obstante un corazón se carga no sólo de este contexto sino también de situaciones particulares y afectivas que también convoca a la descarga. “Juntamos todo en una sola noche y hacemos catarsis para volver a construirnos”, sentencia la Jury, hija de otro artista enorme: Zuhair.

–¿Por qué las define como canciones que se desarman y se vuelven a armar?

–Muchos me dicen, cuando termino de cantar, que sienten que se les desfragmenta el cuerpo. Pero lo dicen con alegría. Y a mí me pasa igual. Por eso siento que cuando canto, no canto sola sino también con la gente que asiste a los recitales. Qué mejor que se desacomoden las piezas que lo conforman a uno para verlas una a una, sentirles las asperezas, los callos, las jorobas, para entonces poder acariciarlas, abrazarlas y volver a unirlas. Si somos un todo andando por el mundo, no viene mal, de tanto en tanto, vernos eslabón por eslabón.

–La elogian mucho. ¿Cómo reacciona ante eso? ¿Se asusta?

–Los recibo con gratitud. No hay miedos. No hay ego. Los elogios son caricia amorosa, son el resultado de un servicio mutuo trasmitido por todos con mucho amor. Cada recital se vuelve un encuentro… diría de esoterismo, de espiritualidad pura. Sin artificios escénicos ni maquillajes ni vestuarios exóticos. Acá sólo mandan los sonidos y la poesía, y un corazón que asimila todo esto.
“Acá sólo mandan los sonidos y la poesía, y un corazón que asimila todo esto”, afirma Jury.

Jury es cantora, compositora y guitarrista. Lleva tres discos como solista (En desmesura, además de los nombrados), y dos compartidos (Maldita… y El veneno de los milagros, con Gabo Ferro). Y una alucinante participación en Cuchichiando, obra de Quique Sinesi en homenaje al Cuchi Leguizamón, publicada en 2010. La cantante nació hace 41 años y reconoce sus influencias en Violeta Parra, Simón Díaz, Atahualpa Yupanqui, Leda Valladares, Atilio Reynoso, Chavela Vargas, Concha Buika, Lhasa de Sela, Björk, Elza Soares, Gabo Ferro y Liliana Herrero. “Pero mi gran faro han sido mi padre y mi madre. Ellos me llenaron la infancia y la adolescencia de músicas y análisis emotivo de cada canción que se ejecutaba o se escuchaba en casa. Por eso voy hacia la música que me conmueva el alma. Primero la música de los pueblos, sobre todo los de nuestra región, para saber de dónde vengo y qué sonidos habitaron primero este territorio… Engullo de aquellos que rescatan del olvido”, determina.

–¿Cuánto vuelca de su vida en las canciones?

–Todos mis recuerdos y mi presente están en mi canto, por tanto toda mi vida cabe en una canción.

–¿Cómo definiría, sintéticamente, cada uno de sus tres discos?

–Canciones… es mi documento de identidad sonoro; En desmesura es un corazón desgarrado de dolor; y La madrugada, un camino hacia la luz.

–El de “En tu pelo”…

–(Risas.) Ese es un tema que escuché primero por Lía Crucet. Me encanta, la admiro, es un aguafuerte de mi adolescencia conurbanense. “En tu pelo” es un amor que no pudo ser, que son los mejores porque te dejan en la boca el sabor de la incógnita.