Quiero descular la identidad del Conurbano

La cantante, guitarrista y compositora lanzó La madrugada, una colección de canciones de amplio espectro unidas por su singular voz. Lo presenta en vivo esta noche.

Por Sebastián Feijoo para Tiempo Argentino

La voz de Luciana Jury, el corpus fundamental de su creación, se entrega a una desmesura arrolladora. Acude a borbotones, se estremece, se quiebra en múltiples planos y luego –misteriosamente– se reconstituye. También se viste de susurro, intercede en forma de quejido de tiza y pizarrón, y hasta –en algunas oportunidades– se permite jugar con conceptos de belleza más tradicionales.

La cantante, guitarrista y compositora alumbró La madrugada, un paso más allá en la construcción de una mirada singular que tiene mucho que ver con el folklore –aunque también circule por otros géneros– pero acaso todavía más con sus circunstancias. Lo presentará hoy en el Teatro Margarita Xirgu.
“No suelo trabajar los discos con un concepto previo y este no fue la excepción. Tengo una forma bastante infantil de abordar el mundo y la vida. Necesito jugar. Quiero que me pasen cosas: cruzarme con situaciones, con recuerdos, con amores, con desamores. Y el inconsciente después se encarga de encontrar las canciones que ilustran todo eso. La madrugada está marcado por un largo período de transitar ese espacio temporal. Cuando tenés hijos, el sueño te cambia. Y en este último tiempo descubrí en la madrugada un espacio/lugar para pensar, mirar fotos viejas, desarmar cajas cerradas, recordar historias de familiares que ya no están. En ese marco apareció este repertorio”, revela Jury.

–¿Ese tránsito nocturno estaba marcado por la angustia?

–Muchas veces sí. Otras por la reflexión. Pero también había espacio para el disfrute. En ese tránsito encontré muchas respuestas a preguntas que me venía haciendo desde hacía mucho tiempo. Yo muchas veces me resisto a vivir como un adulto, porque básicamente es aburrido. Pero tarde o temprano ciertas cuentas pendientes llegan.

–En este último tiempo viviste la muerte de Leonardo Favio. ¿Es uno de los dolores a los que te referías?

–Sí. Era ineludible. Con Favio tenemos (NdeR: habla en presente) un emparentamiento terrible. Nos une la música y la creación. Con mi padre (el guionista y pintor Jorge Zuhair Jury) también. Son relaciones muy intensas. Lo quise mucho a Leonardo. Dejó un legado enorme y me ayudó a crecer. También me puso en un lugar de responsabilidad y compromisos a cumplir.

La charla fluye con naturalidad. Hasta que la casa de Tortuguitas donde vive la cantante es asaltada por una voraz pelea: sus cuatro perros se lanzan en una disputa con otros tantos que circulan por la calle. Afortunadamente, todo es de palabra. Una oportuna construcción urbana impide que la cosa pase a mayores. Pero el volumen y la convicción de los ladridos parecen ponerle pausa al resto del mundo. Hasta que la espuma baja y La madrugada recobra el centro de la escena.

El tercer disco solista de Jury incluye una particular variedad de géneros y estilos. Que van desde el tango “Quisiera amarte menos” (de Canaro-Amadori) al canto anónimo español “De Esquileo”. En el medio aparecen la lánguida belleza de la canción “A quién” (Gabo Ferro), la chacarera “Volviendo” (Chango Rodríguez), el hondo instrumental “Me desprendes del suelo” (ella y Edgardo Goyo Grasso) y “Lola”; (popularizada por Raffaella Carrá). Pero todos esos orígenes distintos y a veces antagónicos fluyen con naturalidad bajo su voz.

–Grabaste hasta una versión de Raffaella Carrá. ¿Cómo se te ocurrió?

–Grabé “Lola” para dedicárselo a mi hija. Tiene cinco años. La misma edad que tenía yo cuando escuchaba a Raffaella. En ese momento me parecía espectacular. ¡Ese desparpajo, sus movimientos…! Quedaba hipnotizada. Con Michael Jackson me pasaba lo mismo.

–¿Te sentís cómoda si te definen como una folklorista sin protocolos?

–Mi construcción musical está enraizada en Atahualpa Yupanqui, Leda Valladares, Atilio Reynoso, Violeta Parra, Los Olimareños y tantos otros. Pero siento que mi presente estético es el conurbano. Vivo en un barrio obrero de Tortuguitas y respiro eso. Hay montones de músicas que se cruzan. Mi trabajo hoy también es empezar a descular qué identidad tenemos los conurbanenses.