Una nueva voz se abre camino

Una nueva voz se abre camino

La pampa sigue debajo de las calles del Abasto. Esa certeza, como el aroma de viejos amores, se reverdece al captar la voz familiar y dolida, de color suburbano y de tierra adentro, de Luciana Jury.

Por Patricio Féminis para Clarín Espectáculos

Frente al mercado restaurado en shopping, en el Teatro del Viejo Mercado (Lavalle 3177), su canto fue pampa, periferia y hasta espíritu rock al revivir las melodías atemporales de su primer disco solista: Canciones brotadas de mi raíz.

Morocha y de negro, La Jury descifró soledades y querencias en la presentación del disco, en que reunió varios standards de raíz folclórica y dos temas suyos, ligados por el amor celebrado, el perdido o el conjurado: primero con la guitarra, cantó Ayer cuando iba a la trilla (tonada anónima); llevó el rostro al pecho en Tú eres la dulce trigueña, un estilo (anónimo también) que a los Jury les hizo conocer don Julio Guzmán, de San Antonio de Areco. Allá al fondo asentía Zuhair, “el Negro”, su padre (hermano de Leonardo Favio): uno de los inspiradores “de mi camino de cantora”.

Su voz se dejó flotar (o quebrar) sobre las melodías, buscó su médula, sus fronteras. Y no es fue sólo pampa sino cuecas chilenas: La Mariposa -recopilada por Violeta Parra- y -otra, por Charo Cofre- Ingrato mío. Oyéndose cantar penando junto al charango de Carlos Delgado llegó a otra catarsis con un bailecito, el bombo y las escobillas de Leandro Savelón: “Quisiera que salga un tigre del monte y me haga pedazos”. ¿De qué tiempos llega ese pesar, esa acentuación? Huellas flamencas, sirias, españolas “conviven en mí; rock, también”, le contaba a Clarín un día antes. Y allá arriba, tras el vapor de un té de eucaliptos, siguió viajando: tras la zamba Canción de lejos (Isella-Tejada Gómez), llamó al guitarrista Quique Sinesi para Lavanderas de río chico del Cuchi Leguizamón, y se dejó ensoñar al verlo puntear e improvisar en Corazón Santiagueño, del Chango Rodríguez.

Faltaba el diálogo familiar: su gato De a poquito quiero amarte la hizo ver, al fondo de la sala, los ojos de su padre: “Al disco lo hicimos con él, al igual que la pintura de la tapa”, sonrió. Ese instante de ellos, junto al público, llevó a La Jury a la intensa chacarera -de ambos- Cuando el amor se aproxima. ¿Cómo regresar, así, de ese desvelo tierra adentro? Fue con su pareja, el músico Edgardo Grasso, a la tonada Una pena nuevamente (Guastavino-Falú); recibió la emoción unánime con el vals Yo no sé qué me han hecho tus ojos (Canaro), respirando cante jondo y criollismo. Y recordó: “dice el Negro Jury que el tiempo cae como un insulto. Algo de eso debe haber”. Quedaban dos últimos amores y sombras: junto a la guitarra -con vuelo yupanquianode Carlos Moscardini, hizo Trago de sombra (Falú-Dávalos), y en esa voz alejando abandonos flotó, incluso, algo del desgarro blusero de Janis Joplin cuando volvieron al pago con la Maldita huella. Al suburbio con tierra debajo; amores, hambre, y nostalgia en estas coplas, diciendo: “Un rezo, un grito en el silencio, no más que eso”.